Esto de leer “Comer, Rezar, Amar”, me ha vuelto a despertar un lado más espiritual, o por lo menos, eso intenta hacer. Me siento un poco alejada de mí. Hace tiempo que no siento, esa… fé? Hace tiempo que no hablo conmigo. Tal vez sea porque estoy muy metida en este tipo de vida estresante, típica del mundo globalizado donde la gente anda a las corridas todo el tiempo, y no se preocupa por sentarse a hablar con uno mismo, con su yo interior. Y seguramente a ustedes también les habrá pasado. La cuestión de todo este asunto, es que siento en mi cabeza, en mí mente, algo que me impide comunicarme conmigo. No podría describirlo detalladamente, pero lo definiría sí, como un gran obstáculo ubicado en mi mente, y puesto por mí, o más específicamente, formado por mis típicos caprichos. Para cada tipo de persona, hay cierto tipo de actividades que lo ayudan a conocerse, a comunicarse y estar en equilibrio con su propio yo. Y para mí, una de esas actividades, es escribir. Siempre me gustó hacerlo, y tengo la esperanza de que algún día publique un libro. No sé sobre qué, pero sé que lo haré. Escribir te ayuda a abrirte la mente, y el corazón, sacando afuera todo aquello que sentís, y que por distintas barreras psico-socio-culturales no las dejas salir. Esto me recuerda a una frase que leí una vez, no me acuerdo dónde, pero decía algo así como que teníamos que escribir, pensando que ello no iba a ser leído por nadie que te conociera. (No la cito porque no estoy segura bien de ella, y no quiero equivocarme) Pero el tema es, escribir. Sin miedos ni temores de ser juzgados por nuestros pensamientos. A mí también me pasa, de mostrar mis escritos o subirlos al blog. Lo pienso muy bien, antes de hacerlos, a través de una selección. Tal vez sea por el tema de que tal o cuál persona lo lea, y se entere en realidad de qué es lo que pasa en mi mente, y mi corazón. Cosa que, siendo sincera, me parece una hipocresía, sí. Pero no me refiero a mentir, sino a disfrazar nuestros verdaderos pensamientos con una buena sonrisa. El único momento que tengo, donde me escucho a mí misma, es cuando le cuento a mi amiga Esti, mis problemas. Y no lo hago porque justamente, sea estudiante de psicología, sino porque pienso, que es la que más me puede entender, debido a que está en una situación hoy, parecida a la mía. En el momento en el que le cuento mi especie de problemas existenciales, yo misma, voy razonando y analizando detalladamente el por qué de mis comportamientos, y de esa manera voy comprendiéndome y acercándome más a mí. Pero igual, a veces siento que no es suficiente del todo. Pero volviendo al tema de mis amigas; siempre me consideré o me consideraron, una chica un poco rara, o tal vez, quede mejor dicho, compleja. Y creo yo que también sea por eso, la complejidad en cuanto a los tipos de amigas que poseo. La mayoría, ni se conocen entre sí, (salvo cuando vinieron a mi cumpleaños y algunas por fín, se conocieron) Pero en realidad, son todas muy distintas entre sí. Y atribuyo eso a la cantidad de facetas, complejidades, o tal vez, simplemente tipos de Anah que puedo ser o tener. Y no entraré en detalle sobre cuales son estos, pero sí diré que tengo aproximadamente 10 amigas cercanas distintas entre sí, así que saquen ustedes sus conclusiones. Puede sonar algo tal vez obvio, pero las necesito a todas para estar en equilibrio conmigo misma. Y últimamente, hace mucho tiempo que no veo a algunas. Principalmente por los tiempos, y estudios. Cada una se encuentra en una facultad diferente, con lugares, tiempos, horarios y actividades distintos. Esto no ayuda, así que simplemente no queda otra que esperar las ansiadas vacaciones para poder reunirnos. Y también sé, que hasta que esto no suceda, no estaré del todo en equilibrio conmigo misma, debido a que las considero a cada una de ellas un pedacito de un bastón, que conjuntamente forman un gran apoyo para mí. Pero mientras tanto, solo tengo a Anah. Y si soy sincera, nunca he tenido una buena relación, donde me escuchaba, comprendía y perdonaba a mí misma Pero tal vez ya vaya siendo tiempo de superar ciertos obstáculos, tal vez ya vaya siendo tiempo de ir ganando, ir venciendo, ir triunfando, de ir… amando.
Mis pequeños soñadores ♥
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sábado, 4 de junio de 2011
Comer, Rezar, Amar
Hace un tiempo empecé a leer el libro Comer, Rezar, Amar. Recuerdo que cuando salió la película, y conocí el libro, estaba en mi pasado (¿pasado?) pro-ana, y considerando todas las consecuencias que acarrea consigo esto, me dieron como escalofríos en cuanto a su nombre. Pero aún así, opté por leerlo. Aunque voy haciéndolo muy lentamente de acuerdo a la forma en la que de verdad acostumbro leer, este libro me parece prometedor y considero que podrá llegar a lograr dentro de mí una verdadera revolución. Que, ciertamente, me vendría muy bien. Siempre me gustó leer, y escribir, claro está. Es más, siempre llevo en mi bolso un libro, así sepa que no voy atener tiempo de leer aunque sea unas páginas, o prefiera dormir en el bus mientras viajo, en vez de devorármelo. Es que realmente es así. Los devoro. Un libro de un tamaño normal no me dura más de dos días sin terminar. Lo que le quita un poco de esa magia tal vez que tienen los libros, sobre eso de ir llevándolo de a poco, pero verdaderamente me ansía el final. Y aunque Eat, pray, love también lo hace, creo que en menor medida. Lo veo allí, encima de aquel almohadón, esperando por mí, esperando abrirme los ojos y mostarme todo aquello que sé me gustaría leer, pero aún así, no. Soy muy exigente a la hora de elegir un libro, porque realmente, si no tiene algo que me llame, no lo leo. A no ser claro, que lo tenga que estudiar. Pero también me ha sucedido muchas veces que comienzo leyendo alguno no muy convencida, y al llegar a su final, el libro en cuestión me termina fascinando. Tal vez esto deja en claro aquella enseñanza que dice “no juzgues a su libro por su portada” que se refiere a en realidad no criticar ni juzgar a la gente, cuando de verdad no la conocemos a fondo, ni podemos entender el por qué de sus comportamientos o de su forma de ser. Siempre dicen que hay que tener empatía antes de juzgar, y de ponerse en los zapatos del otro. No muchas personas conocen esa palabra:”Empatía”. A mí me la enseñó un amigo, una vez que le pedí si podía comprenderme en una situación en la que nadie lo hacía. Y ciertamente, lo bueno que me hizo. Tal vez tendríamos que tener todos un poco de empatía con el otro, y empezar a usar, y practicar diariamente esta actitud. No es fácil juzgar sin saber lo que hay atrás. Así como con un libro de portada fea, puedes llegar a descubrir cosas maravillosas, con una persona que te parezca no muy interesante, puedes llegar a pasar momentos inolvidables a su lado. Es solo cuestión de pasar a la primer página, y empezar a conocer…
Soul sister
La gente cree que un alma gemela es la persona con la que encajas perfectamente, que es lo que quiere todo el mundo. Pero un alma gemela auténtica, es un espejo. Es la persona que te saca todo lo que tienes reprimido, que te hace volver la mirada hacia dentro para que puedas cambiar tu vida. Una verdadera alma gemela es, seguramente, la persona más importante que vayas a conocer en tu vida, pero te tira abajo todos los muros y te despierta de un porrazo. Pero, ¿vivir con un alma gemela para siempre? Ni hablar. Se vive demasiado mal. Un alma gemela llega a tu vida para quitarte el velo de los ojos y se marcha. Gracias a Dios. Pero a veces, no te da ganas de soltarlo. Tienes que ver, que la historia pasada, ya se acabó.
-Where’s my soul sister?
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